Cuentas claras, chocolate espeso…

Ser productora audiovisual se ha convertido en un reto para mí, uno lleno de satisfacciones y también de buenos ESTRELLONES y ¡alabado sean los estrellones! porque para ser honesta el que cree que tiene el proceso de producción comprado les aseguro que ¡MIENTE!, pues cuando crees que lo has visto y vivido todo este maravilloso universo se encargará de sorprenderte con más. Son de esas cosas que en su momento te dices a tí mismo(a) «¡¿QUÉ?! ¿ES EN SERIO?»… te sientas, te golpeas la frente, internalizas y continúas.

«¿A qué te refieres, Annette?» me preguntarás… Bueno, una de las cosas más retadoras dentro de nuestro proceso, y la que probablemente más te llegue a provocar querer golpearte la frente, es la… CO-MU-NI-CA-CIÓN: la falta de ella, el bajo nivel o la malinterpretación de ella es el más grande y descomunal desastre que nos puede ocurrir teniendo en cuenta que no sólo somos «productores audiovisuales» sino también COMUNICADORES SOCIALES. Se trata de la cosa más simple, pero más delicada de lograr.

Dentro de nuestro proceso creativo tendremos que lidiar con personas que, en muchas ocasiones, no hablan nuestro lenguaje, a quienes no sólo le tenemos que vender una idea sino también interpretar las suyas y con gente que, aún cuando comprende nuestro lenguaje, tienen sus propias barreras que terminan interfiriendo el proceso de comunicación. Nuestro reto es lograr que el mensaje se decifre correcta, eficaz y efectivamente.

Tanto para los comunicadores sociales como para los creativos y artistas, comunicarnos es un ARTE y si me lo preguntan a mí reiteré insistentemente que es el arte más simple, pero más delicado a la vez. Que ¿por qué veo la comunicación como algo delicado?. Bueno, si nos vamos a la teoría más básica de la comunicación nos encontramos con que dentro del proceso pueden existir barreras o lo que nosotros conocemos como «ruidos». Estos ruidos pueden ser provocados por: diferencias en los marcos referenciales, desconocimiento o supresión de información, distracciones, mensajes mal estructurados, elementos relacionados directamente a la comunicación verbal y escrita, el medio que usamos para comunicarnos, entre otros.

Tras varios años de tratar con talentos, clientes, proveedores, público, etc. entendí que mi comunicación tenía que ser: simple, ordenada y contextualizada. Por eso, y desde entonces, para lograrlo procuro estructurarlos con lo que he denominado la técnica 0.1 de comunicación en donde los mensajes deben ser…

  1. claros: usando palabras familiares y lenguaje común;
  2. lógicos: la estructura del mensaje como tal debe tener una introducción, un desarrollo lógico del mensaje y un cierre;
  3. empáticos: escribir poniéndome en el lugar del público/lector y en cómo me sentiría si fuera ellos leyendo el mensaje;
  4. exactos: ser específicos al momento de dar información;
  5. correctos: verificar que la redacción y la ortografía estén bien.

Estos pasos son bastante efectivos al momento de redactar mensajes y he de confesar que he llevado la técnica de comunicación 0.1 a todos los escenarios posibles, pues no sólo la utilizo para escribir mensajes creativos, en realidad la uso hasta para la comunicación diaria… *APLICA PARA CLIENTES, PROVEEDORES Y EQUIPOS DE TRABAJO* porque ya saben lo que dice el dicho: «cuentas claras, chocolate espeso«…

Hoy día la comunicación la he tenido que llevar a tales extremos que no es normal. Un escenario puede ser: una conversación con un…, pongamos por ejemplo, cliente. La conversación puede ser telefónica, por chat o en persona. Procedo a enviar un correo con el resumen de la conversación ¡sí!, porque ¿cómo garantizo que ambos sigamos alineados luego de la «conversación»? En este correo aplico la técnica de comunicación 0.1. Acto seguido envío un chat que diga algo como… «mandé la minuta de la conversación». ¡sí! porque ¿cómo garantizo que el cliente estará atento a su correo?. Y ojo, hay algo muy común ocurriendo últimamente: la dependencia a los chats, si no lo mandas por chat es como si no existiera y manejar todo por chat de forma única y exclusiva no es algo que yo recomiendo… ¿por qué? porque en mi experiencia se presta para los dichosos»ruidos»: se puede perder información o simplemente la información no llega de forma correcta, es decir, no se entiende, y cuando las cosas no quedan claras se pierde tiempo y el tiempo es… ¡dinero!

Esto de la comunicación definitivamente tiene su propio proceso. Esta mañana, por ejemplo, me «chateó» un cliente y me dice: «Necesito que me mandes el vídeo final. Lo tengo que entregar ya». Entonces, pensé: «¡¿QUÉ!?, ¡¿EN SERIO?!» me golpee la frente, internalicé y continué diciéndole: «Hola, se lo mandé anoche. Es un correo de WT»…

Ahora les pregunto: ¿de quién es la responsabilidad: del cliente por no revisar su correo o mia por no avisarle que tenía un correo?

Siempre habrá clientes que requieran más de este tipo de atención que otros, por eso la dinámica de comunicación variará. Acá lo que importa es mantener una comunicación constante y actualizada y no dejar por aludida las cosas, pues, lo creas o no, eso aportará a la confianza que el cliente deposite en tí y tu trabajo, y cuando logras eso tienes un éxito asegurado recordando siempre que… cuentas claras, chocolate espeso.

Una respuesta a «Cuentas claras, chocolate espeso…»

  1. Habiendo diversidad de formas y medios para comunicarnos, creo que lo ideal es determinar con el cliente cuál será el medio más directo y eficaz para mantener comunicación. Por ejemplo, yo, cuando soy cliente, prefiero que se comuniquen conmigo x correo electrónico. Y cuando mi proveedor se ha ajustado a mi preferencia, lo he apreciado enormemente.
    Así que cuando he tenido clientes cuyo medio de comunicación primario es el whatsapp, y aunque en lo personal este medio me resulta informal y poco efectivo, me toca ajustarme a la preferencia del cliente. Y sí, me toca también trabajar doble: envío chats y correos electrónicos 😊😊😊😊

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